Divorcio en España

Divorcio en España:

El divorcio no va a llamar a tu puerta y la felicidad de tu matrimonio tampoco viene sola.

Cuando no nos gusta una canción, película, amistad, trabajo o simplemente una comida nos sienta bien tratamos de cambiar en la medida de lo posible, no nos limitamos a mantener y reiterar esa situación sin más, ¿verdad?

¿Por qué a veces cuando no somos felices en nuestro matrimonio no nos atrevemos a luchar por él o a divorciarnos? ¿Por qué hay tantos matrimonios que se conforman con mantener su resignada infelicidad como si fuera lo que les ha tocado en la vida? ¿Por qué nos esperamos a llegar al límite cuando sabemos que no hay otra solución?

El divorcio no es algo bueno o malo en sí mismo, sino desgraciadamente, y solo en algunos casos, necesario. No es un capricho sino una necesidad y, por eso, debe ser un derecho accesible a todas las personas. El divorcio no es el problema sino una opción que puede ayudarnos a superar un matrimonio que no queremos o que no nos hace bien.

Es imprescindible que el derecho a un divorcio pueda ejercitarse de una manera rápida, garantista y económica como base de los matrimonios sinceros, sanos y libres que se cuidan, respetan y valoran a diario y que, por eso mismo, son valientes y acaban cuando por desgracia deben acabar; no matrimonios que se mantienen infelices por costumbre deseando que ojalá llegará la ocasión y oportunidad de divorciarse.

Abogados de divorcio express en España

Sin la posibilidad de un divorcio accesible no existirá un matrimonio verdaderamente libre. Un matrimonio puede ser lo más bonito de la vida, pero también un verdadero infierno y hay que cuidar y disfrutar los buenos y finalizar los que no lo son. Es muy fácil la teoría, ¿no? ¿Por qué nos cuesta tanto aplicarnos el cuento? Es curioso cómo a veces lo vemos muy claro en los demás y no le damos importancia a cosas iguales o mucho más graves o evidentes en nuestro propio matrimonio o relación de pareja.

Tenemos muchos matrimonios hipócritas de cartón piedra, en el sentido de que venden a su alrededor una idealizada felicidad aparente que se normaliza en la sociedad y que esconde una resignada infelicidad, inseguridad y miedo. Relaciones infelices que se propagan, contagian y normalizan mostrando un triste ejemplo a seguir a nuevas generaciones. Muchas relaciones se esfuerzan en exhibir de cara a la galería solvencia en todos los ámbitos, pero detrás de la fachada no hay nada. O lo que es peor, sí hay cosas, pero no son buenas.

Nos gusta aparentar frente otras personas, que a veces también hacen lo mismo, compitiendo por tener vidas vacías y materialistas que no tienen un final satisfactorio en el que siempre sentimos que queremos algo más y no valoramos ni disfrutamos como deberíamos lo que ya tenemos, que se pone en peligro al no cuidarlo y podemos acabar perdiendo. Es tan superficial que no tiene sentido y nos hace utilizar nuestra libertad para vivir como esclavos de nosotros mismos, limitando así nuestra forma de vivir, que se va degradando por no partir de la prioridad de valores adecuada, no dedicándonos ni a nosotros mismos ni a nuestra pareja y familia como podríamos, que es lo verdaderamente importante.

Se está perdiendo la esencia de la confianza y la auténtica bondad del amor puro de pareja, de padres e hijos, de hermanos, de buenos amigos, etc. ¿Qué pena verdad? ¿A que nos gustaría poder recuperarla y tenerla para siempre? No debemos quedarnos a esperarlo de los demás, sino sentirlo y regalarlo nosotros mismos sin pretender nada a cambio. Llegará el momento en el que, sin darnos cuenta, lo tengamos cambiando esas pequeñas cosas de la vida que nos pueden hacer ser mejores personas cada día y esforzarnos por querer y dejarnos querer mejor.

Estamos acostumbrándonos a no tratar bien a personas que “queremos” y es un gran problema en el que no nos detenemos a reflexionar. Nos quejamos de que no nos tratan a nosotros como nos gustaría o sentimos que nos merecemos, pero tal vez no entendamos que nuestra forma de querer a veces puede ser egoísta, desconsiderada y despreciativa para los demás. Valoramos más lo que hacemos por los demás que lo que los demás hacen por nosotros. Consideramos más importante nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro esfuerzo y dedicación. Debemos querernos y cuidarnos bien, pues además una relación débil o injusta no soportará las dificultades que habrá que aprender a gestionar juntos en la vida, debemos modular nuestra sensibilidad sentimental para mejorar la manera en la que damos y recibimos afecto.

Debemos vivir, pero no a costa de otras personas, pues todos podemos ser felices por separado; pero mucho más aún juntos si de verdad somos lo suficientemente considerados como para intentar facilitar la vida de los demás en la medida que podamos y no vivir en el “primero yo, después yo y por último yo”. Si dos personas deciden compartir la vida debe ser con el objetivo de que la vida de las dos sea mejor juntos que separados, si no, no merecerá la pena pues estaremos hablando de otro tipo de relación diferente a la de amor verdadero. Dos personas pueden unirse para construir una vida común, pero no tiene sentido que se unan para destruirse mutuamente.

Es una pena no vivir con plenitud y dedicarnos a construir una vida familiar con problemas de cimentación, que en ocasiones se conocen perfectamente, pero nos limitamos a acostumbrarnos a ellos en vez de repararlos. Cuando tratamos de arreglar los problemas, en ocasiones en vez de reforzar esos pilares lo que hacemos es construir más encima, lo que hace que empeoremos nosotros mismos más la situación de manera que, si teníamos debilidades de base, peor. Vamos a soportar más carga y definitivamente precipitamos la caída. El gran error de tener hijos o comprar una casa con una hipoteca a treinta años para reforzar una relación de pareja que no tiene futuro es un drama que deberíamos ahorrarnos si nos quisiéramos mejor a nosotros mismos y a los demás, utilizando diligentemente nuestra inteligencia emocional.

No deberíamos limitarnos a hacer por nuestros seres queridos lo que nosotros queremos hacer; sino, en la medida que nos sea es posible, lo que ellos quieren y necesitan. No pasa nada por dar a una persona lo que nosotros queremos o aquello que nos sobra, pero no podemos enmascararlo con hacer algo “por ti”, pues eso supondría hacer por una persona lo que esa persona nos pide. En ocasiones puede ser totalmente distinto e incompatible lo que nosotros queremos y lo que la persona que está a nuestro lado quiere. Un gran problema es sentir que no se puede decir lo que sentimos o necesitamos a nuestra pareja. No poder compartir algo que para nosotros es importante por desearlo como algo bueno o no desearlo por hacernos daño y no poder ni hablarlo en confianza, pues se sabe que es un tema incómodo que puede generar malestar o incluso un conflicto.

Vivir sin pareja ni matrimonio es una opción maravillosa, al igual tener una pareja sin necesidad de formalizar un compromiso mayor y al igual que cualquier otra situación sentimental, siempre y cuando se guarde el debido respeto. Pero si una persona piensa en compartir la vida y comenzar un proyecto familiar con otra persona debe ser consciente de que ya no debería pensar solo en sí mismo, también en la pareja y mucho más aun, por responsabilidad, en los hijos si deciden tenerlos. Cuando dos personas comienzan una relación se debe cuidar de los tres espacios, el mío, el tuyo y el nuestro.

La irresponsabilidad no puede llevarnos a querer vivir como solteros y pretender desarrollar plenamente nuestros derechos, pues normalmente no será compatible con la misma plenitud de derechos de los demás y deberán de modelarse de la forma más generosa y justa posible, esa es la idea de la familia. Compartir un proyecto de vida y amor conjunto en el que lo más importante dejamos de ser nosotros mismos como personas individuales para que pase a serlo el bien común estando dispuestos a sacrificarse, si fuera necesario, de manera equilibrada de forma recíproca sin situaciones injustas. ¿Estamos dispuestos a hacer por nuestra pareja lo mismo que nuestra pareja haría por nosotros? No son matemáticas ni se puede medir, es amor. Se puede sentir y debe hacer sentir bien a ambas partes.

Intentamos justificar aquello que no nos gusta o culpabilizar de ello a otra persona simplemente por no asumir nuestra responsabilidad. Nos importa tanto la reprobación de los demás que perdemos lo bonito que es incluso equivocarse, pero ser capaces de pedir perdón y reforzar la relación a sabiendas de que se ha entendido y controlado lo que ha sucedido, no dejándolo en el aire con miedo de que vuelva a repetirse una situación similar con temor a la reacción que ello pueda generar. Es tensión, desgaste y sufrimiento antinatural fruto del orgullo y cabezonería impropia de personas maduras, por falta de comunicación y humildad, sintiendo que no se puede dar el brazo a torcer. Da igual quién tenga la razón en cada cosa, todo es secundario y parte de lo principal, que es la relación de amor que no debe dejar de valorarse.

Este libro trata de abrir los ojos a muchas personas y que puedan saber qué es en esencia un matrimonio y qué es un divorcio, pues por desgracia no se suele entender en muchos casos. Lo que hace que vivamos con una imprudente ignorancia de nuestra propia relación familiar, que debe ser el pilar de nuestra vida y acaba siendo nuestro punto débil. Esto no es justo ni para nosotros, ni para nuestra pareja, ni para todos los que nos quieren bien a los que complicamos la vida innecesariamente.

¿Por qué es un tabú el divorcio? ¿Por qué da tanto miedo? ¿Por qué es un tema incomodo cuando es de nuestra vida, pero nos entretiene tanto cuando hablamos de los demás? Es tabú solo hablar de mi divorcio por considerarlo algo importante y delicado, pero nos encanta comentar los problemas de los demás matrimonios con bastante frivolidad.

Deberíamos tener más autocrítica con nosotros mismos y meternos menos en la vida sentimental de los demás con la que en muchos casos nos cebamos, pues, para empezar, la ignoramos y toda persona tiene derecho a desarrollar su proyecto de vida familiar como considere oportuno. Siempre y cuando sea con un mínimo respeto.

¿Somos conscientes cuando nos casamos de lo que supone el matrimonio? Tenemos demasiados matrimonios precipitados y divorcios tardíos.

Hemos nacido y vivimos para intentar ser felices juntos o separados en cada una de nuestras relaciones, pero, en definitiva, buscando nuestra felicidad y la de las personas que queremos; pero solemos perder una gran parte de nuestro tiempo y dedicación en todo lo contrario.

Debemos esforzarnos por aprender a iniciar y terminar las relaciones correctas en el momento adecuado. No debemos engañarnos, conformarnos y resignarnos a compartir gran tiempo de nuestra vida como no queremos y con la persona que no nos hace feliz.

“La vida es corta, solo se vive una vez, y tú decides cómo hacerlo”.

«Juntos o separados, pero felices».

Cada persona evoluciona de manera diferente y tenemos derecho tanto a decidir compartir nuestra vida con quien tenemos la suerte que también quiere compartirla con nosotros, como a dejar de hacerlo en cualquier momento sin tener que dar explicaciones, sin culpables ni responsables, con plena libertad y sin condicionamientos. Ese debe ser el punto de partida.

Amor que sale del corazón como libertad que se renueva cada día y no como obligación legal. Amor propio y por nuestra pareja consciente, compatible y compartido. Otra cuestión será que tengamos obligaciones de las que tengamos que responsabilizarnos por las vinculaciones creadas o por las circunstancias, como pueden ser hijos, propiedades, deudas, imprevistos, etc.

Sea cual sea tu situación sentimental no estás solo/a, no eres el/la único/a que a veces puede tener dudas de si la vida que tienes es la que quieres. Es normal tener miedo en algunos momentos cuando no sabes qué debes hacer. Debemos estar tranquilos. No pasa nada. Les suele pasar a todas las personas en algún momento de su vida y lo que hay que hacer es reflexionar y tomar la decisión acertada y no precipitarnos. Si de verdad lo necesitas, debes de ser consciente de que tienes el derecho y la libertad de cambiar tu vida.

En un matrimonio mal avenido existen tres posibilidades una vez se ha descartado la reconciliación. La mejor opción es la del divorcio de mutuo acuerdo, la opción mala es el divorcio contencioso y la peor opción posible es la de mantener un matrimonio que no queremos.

No hay que tener miedo al divorcio, solo a querer y necesitar divorciarse, pero no poder o saber cómo hacerlo.

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.