Divorcio inclusivo y no excluyente

Divorcio inclusivo y no excluyente:

Un divorcio debe de ser inclusivo en plural permitiendo que cualquier persona que lo necesite pueda acceder al trámite de separación o divorcio y no acabar siendo excluyente para parte de la sociedad.

Debemos de conseguir perder socialmente el miedo al “monstruo” del divorcio, podemos tener temor a la soledad y no poder satisfacer nuestras necesidades afectivas, pero el divorcio no es el problema, sino que lo son los matrimonios contenciosos e infelices los que de verdad dan miedo y debemos tratar de prevenir y evitar.

Es como si en medicina consideráramos que el problema es un tratamiento u operación que pretende salvar la vida de una persona como última opción cuando el paciente no ha logrado superar su dolencia con ningún otro tratamiento.

Es una pena que un matrimonio llegue a estar vegetal en cuidados paliativos sin tener probabilidad de recuperación.

Podemos alargar la agonía hasta la muerte o podemos tomar medidas.

En este caso el divorcio permite revivir y salvar la vida de ambos cónyuges sin ningún tipo de eutanasia, pues en estos casos el matrimonio ya está muerto. El divorcio debe de ser inclusivo en el sentido de incluir a cualquier persona que lo necesite de manera plural para integrar a ambos miembros del matrimonio y no excluyente o exclusivo para uno sólo que decida o realice la gestión de la que no participe o pueda participar el otro cónyuge.

Defendemos y compartir con los demás para que así la sociedad evolucione en la dirección adecuada, que el divorcio debe de ser inclusivo y no exclusivo ni excluyente.

Divorcio inclusivo y no excluyente

Divorcio integrativo:

Yo defiendo el valor de tramitar un divorcio integrativo que no sea radical ni agresivo y que pueda ofrecer las mejores soluciones a cada familia. Hay que integrar el divorcio en la familia y no romper y adaptar la familia al divorcio.
El núcleo familiar sigue siendo el mismo pues está formado por las mismas personas sin perjuicio de su posterior evolución y lo que supone el divorcio es que se organice de manera diferente. El divorcio no debe de ser la prioridad y volverse lo principal, lo principal debe de seguir siendo la familia que con la separación cambia pero que no por ello el divorcio excluye a la familia de origen, sino que la integra, organiza y regula de manera inclusiva sin dar de lado a ninguno de sus miembros.

¿Alguien puede de verdad estar en contra? Lo más fácil es criticar mi enfoque del divorcio, pero es una realidad nos guste más o menos y quien ha pasado por ello sabe lo importante que es tener el apoyo y recursos necesarios como para poder cambiar tu vida cuando lo necesitas.

El divorcio debe de ser integrativo y no dejar a ningún miembro de la familia atrás, debiendo de proteger especialmente los más miembros más vulnerables, principalmente los hijos comunes menores de edad.

Divorcio como oportunidad:

Divorcio como posibilidad y oportunidad. No deja de ser una opción de vida tan respetable como la de contraer matrimonio. Criticar el divorcio es una crueldad, pues quien se divorcia es por necesitarlo y es su posibilidad y oportunidad de cambiar de vida con libertad.

Ningún divorcio te mata, sino que te da la oportunidad de volver a nacer sentimentalmente y empezar de cero después de un matrimonio que alguno de los esposos ha dejado de querer.

El valor de un matrimonio se lo da el amor, la confianza, el respeto y la conciencia concurrente de ambos cónyuges que siguen queriendo estar juntos.

Vivir un matrimonio con miedo al divorcio es vivir a medias.

La información y los recursos son el poder que nos permite ejercitar nuestros derechos y obligaciones.

Debemos ser conscientes de lo que es un matrimonio para poder cuidarlo adecuadamente y no tener prejuicios por saber que puede acabar de una manera pacífica, pues cuanto más grande sea nuestra ignorancia más torpes seremos y más errores cometeremos llegando al divorcio, o lo que es peor, a un matrimonio contencioso que no se divorcia.

Nos han vendido e inculcado el miedo al divorcio cuando el miedo lo deberíamos tener al desconocimiento de vivir en un matrimonio idealizado e inconsciente y a no estar preparados para entender y superar las dificultades ante cada problema y a que, si nuestro matrimonio acaba siendo contencioso, nadie nos hable claro o nos tranquilice y normalice el divorcio de una manera integrativa que permita que ambos cónyuges superen la ruptura de la manera más constructiva posible.

Divorcio no destructivo
Divorcio constructivo

Divorcio positivo y constructivo:

El divorcio debe de ser positivo y constructivo y no negativo y destructivo.

Hay que tener miedo al matrimonio contencioso y al divorcio inaccesible.

Lo que da miedo es necesitar divorciarnos y no tener un abogado de confianza, no poder pagar los costes del proceso o tener tal desinformación que no nos planteemos ni remotamente tener derecho al divorcio.

Si el divorcio no es accesible nuestros derechos retroceden un siglo asimilándose a una época en la que no existían, pues lo más importante de un derecho es que no solo esté en el papel, sino que sea entendido por su titular y este tenga la capacidad de hacerlo efectivo.

Tenemos miedo a los cambios, pero a los que afectan a nuestra estabilidad familiar más aún.

Sufrimos la presión social del entorno, pensamos en el “qué dirán” y nos aterra no saber cuándo dar el paso y, ante la duda, seguimos casados y los días pasan, pero haciendo lo mismo que hace que nuestro matrimonio no funcione sin plantearnos coger el toro por los cuernos.

Debería ser algo normal tirarse al barro y aclarar si la relación tiene futuro para luchar por ella o, de no ser así, no perder nuestro tiempo ni hacer perder el tiempo de nuestra pareja, porque el tiempo es muy valioso y no conviene especular con él demasiado.

La frase “tenemos que hablar” no debería de concebirse como algo malo que se utiliza en los momentos de discusión sentimental, debería de ser algo muy positivo si se cuenta con la actitud adecuada.

Tenemos que hablar más y mejor, pues muchos divorcios se producen por problemas de comunicación que van deteriorando día a día la relación.

Superar divorcio

Superar problemas con el divorcio:

Para que una relación con problemas los pueda superar deben poner de su parte los dos miembros de la pareja y no uno solo.

Hay veces en las que no sabemos cómo y podemos intentar aprender poco a poco, pero en otras, el problema es que la otra parte no quiere o no puede poner de la suya.

Esa es una situación frustrante en la que nos chocamos constantemente contra un muro infranqueable en el que tenemos la sensación de que si ponemos un poco más de nuestra parte todo se empezara a arreglar.

En otras ocasiones, por el contrario, no hay manera de que se superen los problemas de pareja, se trata de una relación matrimonial que no es viable.

El divorcio no es un problema, es justamente una opción y decisión encaminada al cambio de estado civil y vida que en gran medida pretende solucionar los problemas que existen en la relación sentimental y matrimonio.

No querer hablar del divorcio:

Es muy común la situación en la que uno de los cónyuges quiere el divorcio pero el otro no quiere ni hablar de separación, divorcio, ruptura ni nada que se le parezca lo que es un gran obstáculo.

También es un gran problema la falta de comunicación y entendimiento por miedo a lo que pudiera resultar de dicho entendimiento o a que se desvelen cosas que no son de nuestro agrado o que incluso encontremos cierta comodidad en dicha incomunicación y falta de entendimiento.

Es decir, de alguna manera no queremos ver la realidad.

Exploración del divorcio:

El ser humano tiene un instinto natural de exploración, por eso nos expandimos por todo el planeta.

Puede ser deseable quedarse en un solo lugar para siempre si en él encontramos lo que buscamos, necesitamos, deseamos o simplemente nos colma, pero cuando esto ya no es así o incluso sufrimos graves carencias, tal vez sea el momento de recuperar nuestro instinto innato de exploración.

Exploración también de nosotros mismos para comprender qué es lo que ocurre, exploración de soluciones y vías de entendimiento y, si llega el caso, exploración de alternativas.

Divorcio cuando uno quiere y otro se deja querer:

El matrimonio es de dos y para arreglar los problemas los dos tienen que poner de su parte y en ocasiones la indiferencia, el orgullo o el desinterés frustran que dos personas compatibles puedan ser felices juntas.

No es justa una relación en la que una de las partes quiere y otra se deja querer, una lleva la relación y la otra se deja llevar o uno la llena y otro la vacía.

Divorcio inclusivo y no excluyente. El divorcio integrativo sí es posible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.