Casarse en el siglo XXI

Pasado, presente y futuro del matrimonio en España

Matrimonios precipitados, el pasado, presente y futuro del matrimonio en España:

No podemos prejuzgar que una persona se equivoca cuando se divorcia y presuponer que acertó cuando se casó, pues tal vez muchas personas se equivocan cuando contraen un matrimonio precipitado.

Aún se piensa que contraer matrimonio puede solucionar los problemas de pareja, cuando los problemas de pareja los solemos crear nosotros y solo nosotros podemos solucionarlos. Hay matrimonios que no tienen solución y en esos casos la decisión correcta es el divorcio, que —repito una vez más— no es un capricho sino una necesidad. El divorcio accesible es el que permite la libertad y grandeza de un matrimonio.

En España tenemos la tendencia de idealizar el matrimonio y nos casamos por todo lo alto. No escatimamos y todo nos parece poco en el día de nuestra boda. En cambio, contradictoriamente, en el divorcio todo se nos hace mucho y tendemos a roñosear hasta límites insospechados.

El matrimonio antes, ahora y después
Matrimonio en España

Antes las bodas eran sencillas y humildes, pero se valoraba por encima de todo la unión matrimonial que suponía unir dos familias.

Ahora queremos ser ricos por un día y gastarnos en nuestra boda aquello que normalmente contrastará con la calidad de vida del día a día del matrimonio.

Es como si quisiéramos hacer ostentación para demostrar lo mucho que nos queremos y el proyecto matrimonial tan importante que comenzamos.

Algunas personas se casan “a lo loco” sin reflexionar las consecuencias de su decisión, pero en parte es representativo de lo que se hace en otras tantas facetas de la vida. En definitiva, la tendencia de los matrimonios y los divorcios es fiel reflejo de la sociedad, que, como todo, ha ido evolucionando.

Antes, las personas se casaban con el objetivo de crear una familia manteniéndola a toda costa y secundariamente para ser felices, mientras que ahora se busca ser felices y secundariamente formar un proyecto familiar. Pero se idealiza tanto el matrimonio que parece que se busca la perfección y somos tan exigentes que cualquier signo de algo que no nos guste en pareja hace saltar todas las alarmas y nos hace pensar que no es lo que queremos, merecemos y en definitiva no nos hace felices.

Buscamos la relación perfecta que se va descartando sucesivamente con cierta frustración, insatisfacción y sensación de fracaso. Un matrimonio que acaba en divorcio no es un fracaso, ya que el fracaso es compartir la vida con una pareja con la que no somos felices pues no nos llena como nosotros queremos o necesitamos.

Pasado, presente y futuro del matrimonio

Pasado del matrimonio:

Antes, las personas se casaban demasiado pronto por imperativo y presión social prácticamente sin conocerse. Estaba mal visto no seguir el protocolo de matrimonio que limitaba la libertad de las personas, lo que condicionaba su relación de pareja y familiar y dificultaba que la relación pudiera desarrollarse de una manera natural, pues estaba demasiado constreñidos por los condicionantes sociales.

Pasado del matrimonio

Les preocupaba más el mantenimiento del matrimonio y la opinión ajena que la felicidad de su familiar. No se cuestionaban si el matrimonio le hacía feliz, pues debía mantenerse a toda costa.

Las parejas se casaban sin conocerse prácticamente de nada y su matrimonio duraba toda la vida pues hasta la familia prefería ver a su ser querido mal casado que divorciado por el qué dirán. Antiguamente no podían ni bailar juntas dos personas, pues ya suponía cierto compromiso. No se podían mantener relaciones prematrimoniales, vivir juntos en todo caso requería ciertas condiciones, etc.

Tradicionalmente en España una relación de pareja debía de acabar en matrimonio y así, de alguna manera, se quería más a la otra persona, “como Dios manda” y no es verdad pues no es necesariamente así. Es como si los sentimientos pudieran asegurarse y comprometerse por escrito y en una celebración solemne e incluso sacralizada, en el matrimonio religioso.

Parecía que desde el momento de la boda todo cambiaba: pasabas de ser una persona individual a ser el marido o la mujer de alguien y viceversa. Ya se consideraba una relación de verdad, algo importante ya eras de alguien y alguien era tuyo.

Presente del matrimonio:

Ahora que hemos superado el condicionamiento del pasado, seguimos haciendo algo parecido y nos seguimos casando precipitadamente. Sin ánimo de generalizar, muchas parejas que no se conocen ni han convivido lo suficiente comienzan un matrimonio que no es viable y que acaba de manera sorpresiva para ellos por no tener una buena base y compatibilidad de proyectos de vida y personalidad. Tenemos poca tranquilidad y mucha prisa en todo.

Casarse en el siglo XXI
Matrimonio actual

Para lo bueno todos nos podemos llevar muy bien.

Para ir de fiesta o tomar algo o hacerse un selfie o ser amigos en redes sociales; pero el matrimonio y la convivencia de pareja no está exenta de retos y compromisos que se deben saber gestionar y cuidar para mantener una relación con futuro.

De hecho, no es que un matrimonio no esté exento de dificultades, sino que están aseguradas y las personas no se percatan de ello o, si lo hacen, no les dan la importancia que merecen.

Antiguamente las familias se enfrentaban a todo tipo de retos y limitaciones como la guerra, el hambre, la precariedad y la pobreza; pero, a pesar de ello, las familias luchaban para salir adelante juntas y con poco se conformaban y era suficiente para ser felices.

Ahora lo tenemos todo y nada nos vale ni nos es suficiente. Necesitamos más y todo nos acaba siendo monótono e insatisfactorio. Aspiramos siempre a algo más y es por haber dejado de valorar correctamente las cosas, principalmente la persona en sí misma. Las relaciones personales deben cuidarse y hay que dedicarles tiempo y lo mejor de nosotros mismos. Existe una tendencia moderna que dedica cada vez más tiempo a cuidar las relaciones de redes sociales y similares y a descuidar las personas de nuestro alrededor a las que a veces ofrecemos la peor versión de nosotros mismos.

Futuro del matrimonio:

Si seguimos así, la institución del matrimonio va a acabar perdiendo definitivamente su valor en dos o tres generaciones. Los valores e ideales del matrimonio son preciosos, pero nos estamos dando cuenta de que no es necesario casarse para tenerlos y aplicarlos. Hay matrimonios sin valores y parejas con absolutamente todos los valores que caracterizan al matrimonio, e incluso alguno más, sin necesidad de pasar por el altar. Existen matrimonios totalmente degradados que hacen que la institución pierda atractivo e interés.

Boda y matrimonio el día de mañana
Futuro del matrimonio

Yo pienso que deberíamos caminar hacia un amor libre por decisión sentimental  y no por imposición legal ni por resignación emocional; que se normalicen las relaciones sanas que sean el ejemplo a seguir de las generaciones venideras; que seamos mejores personas con nosotros mismos y con todos en general, muchísimo más aún con nuestra pareja.

No consiste en estar casados por protocolo sino en estar casados por querer desarrollar así nuestro proyecto de vida familiar, que no pueda sentir una pareja que está mal vista en su entorno social por no estar casada y acabar casándose por ser igual a los demás matrimonios, al ser lo normal casarse.

Que cada matrimonio le dé a su relación el valor y el sentido que ellos mismos deseen. El matrimonio ya no tiene valor, el valor debe dárselo cada persona a su proyecto de vida que debe tener los mínimos condicionamientos posibles para que precisamente no puedan existir prejuicios.

Amor libre que no necesariamente tiene que ser de dos personas casadas, sino que puede ser desarrollado por personas solteras y sin ningún tipo de compromiso. Familias monoparentales con hijos o sin hijos (contacta con nosotros si quieres tramitar un divorcio sin hijos), lo cual es perfectamente válido; parejas de hecho y de personas divorciadas o separadas; de personas casadas que aún no han tramitado su proceso de separación pero ya tienen otra pareja y personas que decidan amar en plural exactamente de la manera que en cada momento sientan que quieren vivir en el sentido de que el amor es de las dos partes como algo que se practica cada día y es de ida y vuelta.

Debemos quitar etiquetas a la forma de querer, a la forma de ser y a las cualidades de las personas para tender a la igualdad real, caminar hacia la igualdad de derechos y obligaciones de personas casadas que otras que sin estar casadas tengan una relación análoga. Que no haya que casarse por miedo a quedarse desamparado o desamparada y que la ley no permita abusos en función de si una pareja está casada o deja de estarlo.

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